domingo, 25 de enero de 2026

VENEZUELA, EL JAPÓN DEL SIGLO XXI

A los políticos debemos evaluarlos por lo que hacen, 
no por lo que dicen. Las promesas no ponen comida en tu mesa.


Parece una frase trillada de película yankee, pero la realidad es que, la mayoría de los venezolanos lo que queremos es que Venezuela se componga y con todo su inmenso potencial humano, de recursos y Divino, podamos convertir a Venezuela en el Japón del siglo XXI.

Queremos vivir bien, en resumen.

Tenemos el apoyo de una de las tres principales potencias mundiales, los Estados Unidos de América, que se tomó la molestia de retirar por la fuerza al tirano bananero puesto por los cubanos Nicol-asno Maduro, y a su esposa, Cilia la peligrosa desdentada.

El gran problema, las redes de poder instaladas desde hace más de una centuria, coordinadas por algunas familias con ínfulas de nobleza tropical, que han construido un entarimado organizacional que no busca el beneficio de la Nación, y todo lo que ello significa, sino que desean seguir desangrando al país, hasta dejarlo sin nada, deseosos de establecer feudos, y gobernar los mismos como lo hacían las familias nobles en la Edad Media.

Son vampiros sin alma.

Esos retrasados mentales, hijos de las mil mal paridas madres se creen con el derecho divino de seguir destruyendo al país, para lo cual cuentan con una pléyade de imberbes con títulos, que se creen advenidos por la divinidad para cogobernar con sus amos.

Y como puede uno decir eso, pues cuando empiezas a hurgar en los vínculos de unos y otros, rojos y azules, amarillos, verdes, blancos, los naranjas y hasta los color vino, todos están relacionados en algún nivel con esos grupos de Poder, que no terminan de entender que las condiciones cambiaron, pues no son sus elementos los que encausaron el cambio; fueron las fuerzas de otros los que lograron lo que millones de venezolanos no pudimos hacer en veintisiete años.

Esos otros si ven el potencial de Venezuela 
y entienden los retos del futuro cercano.

Ahora, con su cara muy lavada, envían a sus lacayos con títulos a exigir condiciones, elecciones, cambios, cambures, espacios; por otro lado, usando la causa de los Presos Políticos empiezan a mover a sus soldados de papel, los estudiantes universitarios caraqueños, todos aspirantes de cambures (puestos o candidaturas), para que montados sobre el sufrimiento de miles, prediquen sobre asuntos que no conocen, pues no les interesan, mientras presionan al gran artífice del Norte, para que con lobbys pagados con dinero sucio, se imponga la agenda que no pudieron imponer antes, pues se vendieron como putas al chavismo.

Ahora tenemos a cientos de aspirantes a diputados, alcaldes, concejales, ministros y cuanto cargo se acerque al Poder, exigiendo elecciones en un país que no están en capacidad de gobernar. En realidad, solo quieren cohabitar con el enemigo, robar hasta llenarse, e irse a vivir cuando la cosa se ponga más fea a cualquier país del mundo, en especial a la España de Pedro Sánchez, el agente de Marruecos.

Ante cualquier idiota que quiera criticarme, luché en las calles por dieciocho años,  hasta que me tuve que ir de Venezuela luego de la traición de 2017, en la que luego de meses en las calles, nos pusieron a participar en un plebiscito, al que no se le podía decir plebiscito, y con el cual se burlaron de todos los que participamos… tres preguntas, más de seis millones de participantes, y apenas hablaron de elecciones, sin condiciones, todos salieron con sus jingles y franelas a buscar votos, con los muertos todavía calientes, y los presos sin causas recluidos en los basureros llamados cárceles.

Siempre lo supe, al chavismo solo se le podía sacar por la fuerza; pensé en su momento en escenarios híbridos violentos-noviolentos, pero solo eran sueños de un activista ilusionado. Apoyé por mucho tiempo los esfuerzos de esos que siempre nos vendieron, pensando que estando adentro podíamos cambiar las cosas… lo único que cambió fue el color de mi pelo; no importa lo que dijera o hiciera, siempre mis esfuerzos fueron estériles; dieciocho años perdidos. La realidad se impuso, la traición cobró y muchos llenaron curules y cargos en alcaldías y gobernaciones, que fueron comprados con sangre y sufrimiento ajeno.

Esos mismos traidores hoy piden elecciones, y otros piden puestos y cargos, pues sus amos quieren tener el control que perdieron cuando a Maduro lo sacaron y a Delsy la dejaron a cargo, aunque el presidente de Venezuela por ahora es Donald J. Trump.


Lo que podemos ser como país es infinitamente superior a aquello que los que nos han gobernado quieren; podemos ser el milagro americano del siglo XXI, como lo fue en su momento el devastado Japón después de 1945. Depende de nosotros como ciudadanos. 




Thank you, Mr. President Trump.


¡EN DIOS CONFÍO!


Alexander Acosta Guerra
Exactivista político en el exilio; bloguero.
Barranquilla, 25 de enero de 2026, siendo las 22:59

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