martes, 2 de junio de 2026

A QUIEN SIENTAS EN TU MESA


Luego de la reunión del grupo de fracasados de Panama y un programa reciente del señor Daniel Lara Farias, me vi motivado a hacerme una pregunta, ¿A quién sientas en tu mesa?

Los viejos de antes, los de la época de mis padres o abuelos (ya yo tengo 57 años), consideraban el acto de sentarse a la mesa sagrado. En la mesa con la comida servida no se discutía, ni se peleaba, la mesa se respetaba. En la mesa siempre había una persona liderando, el padre de familia normalmente, mientras la diligente madre o abuela (que son madres también) se encargaba de preparar, servir y atender a todos en la mesa por igual.

Invitar a alguien a tu casa a comer era un acto de confianza
y respeto hacia la persona.

Tu podías invitar a tu enemigo, pero no lo sentabas a tu mesa con tu familia. Lo atendías afuera, con buenos licores y buenas comidas, pero en tu mesa no.

Entonces, acusando recibo de los eventos de Panamá, la pregunta sigue vigente, ¿A quién sientas en tu mesa?

Quien dirige el “hogar” elige quien se sienta a su mesa. A los hijos rebeldes se les imponía disciplina antes de iniciar el ritual diario de la comida en familia. No tenían derecho a amargarle el momento a los demás.

¿A quién sientas en tu mesa?

La mesa es un espacio sagrado donde la familia se congrega para alimentarse. En tiempos muy antiguos, las colonias humanas se alimentaban alrededor del fuego, que iluminaba, cocía los alimentos y protegía de los ataques de las bestias. La comida se obtenía de un esfuerzo significativo, por caza, cuida del ganado o siembra; implicaba un trabajo duro, por consiguiente, jamás hubieses sentado alrededor de tu fuego, del Hogar, a alguien que te robó un ganado o mató a un familiar.

¿A quién sientas en tu mesa?

El responsable del Hogar es quien decide a quien sienta a su mesa. Los invitados a su mesa deben pasar por su aprobación, pues esa responsabilidad no se delega. Así pues, si a tu mesa se sientan bandidos, a esos bandidos los bendijiste tu como responsable. Y si esos bandidos se sentaron a tu mesa sin saberlo, alguien falló al no decirte por qué era adecuado que se sentaran ahí, para que tú lo aprobaras.

Sentar a tu mesa al artífice de la destrucción económica de tu país, sin haber exigido primero que se atendieran los procesos legales pertinentes en su contra, es una acción de lavado de imagen, hablando en términos modernos. No es una acción inocente; es premedita, pensada, sopesada. En este caso la responsabilidad no es delegable, pues si lo delegaste, sin antes revisar o evaluar, eso te hace un irresponsable e incompetente.

Qué ganamos los venezolanos al ver en esa mesa a tanto bandido y cómplice. No ganamos nada. Que gana la líderesa intergaláctica sentando a tanto bandido a su mesa, ¿reconocimiento gansteril?, recursos de dudosa procedencia, silencios necesarios.

En cierta manera, a mi la foto de Panama me parece sincera. Son todos bandidos y fracasados de la misma estirpe, descartables en primera instancia en el momento en que un nuevo liderazgo haga aparición en el escenario venezolano.

Claro, ese nuevo liderazgo ha sido muy discreto en su pronta aparición, y por ende los espacios disponibles son atendidos por los mismos de siempre, que se entienden desde hace décadas y que hacen negocios entre sí.

Es hora de una mesa con nuevos líderes, con gente nueva, decente, preparada y comprometida. Es hora de un nuevo liderazgo, de hecho, ya vamos tarde… pero más vale tarde que nunca.


¡EN DIOS CONFÍO!


Alexander Acosta Guerra
Exactivista político venezolano, en el exilio
Barranquilla, 2 de junio de 2026, siendo las 15:31

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